Parecía una leyenda urbana, pero no, ésta es cierta. En realidad es una iniciativa relativamente reciente, nacida gracias a las empresas de reciclajes que adquieren los tapones como materia prima a razón de 200 o 300 € por tonelada. Todos ganan. Se obtienen recursos monetarios para cubrir una necesidad solidaria. A los ciudadanos no les cuesta nada y se beneficia el medio ambiente, ya que estos residuos urbanos no llegan al vertedero.
De esta manera treinta toneladas de tapones de
plástico se han trasformado en unbipedestador para Iker Gutiérrez Jato (en
el que colaboramos). El pasado mes de diciembre, Inmaculada Sánchez,
una joven tetrapléjica de Cañaveral del León obtenía una silla de ruedas gracias
a la solidaridad y paciencia de sus vecinos hasta reunir 14.000
kilos de tapones.
A raíz de estos ejemplos se han puesto en marcha otras
iniciativas que buscan ayudar a diferentes personas y colectivos. No sólo se
reúnen tapones para conseguir una silla de ruedas, un aparato ortopédico o una
intervención quirúrgica, algunos colectivos van más allá e intentan por este
sistema, recaudar fondos para poder financiar investigaciones de las
denominadas enfermedades raras, las grandes olvidadas del sistema sanitario.
Este es el caso de Sara y Álvaro, las caras
más visibles en la campaña a favor de la ataxia telangiectasia, con los que
hemos colaborado últimamente de manera muy significativa de modo que
ya pueden comenzar con la investigación.
¿Qué tapones sirven?
Sirven prácticamente toda clase de tapones de plástico:
refrescos, aguas, zumos, tetrabriks, detergentes, suavizantes, kétchups,
mayonesas o dentífricos. También las tapas de los botes de pintura y, si no son
blandas, las de las margarinas o quesos de untar, incluso el envoltorio del
juguete de los huevos de chocolate.
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